Kike Andreu (Sant Lluís, 1971) preside la Asociación de Apicultores de Menorca, una entidad que reúne a casi 190 socios y lidera la defensa de la abeja negra autóctona. Apasionado del mundo apícola, comenzó casi por casualidad y hoy es un referente en la isla. Desde su experiencia y compromiso, reflexiona sobre los retos, oportunidades y peculiaridades de la apicultura menorquina.
¿Cómo empezaste en la apicultura y qué te atrajo de este mundo?
Hace unos quince años, por un tío mío que tenía unas colmenas y ya no podía gestionarlas. Me ofrecí a ayudarle y, poco a poco, me fui metiendo en el mundo. Vas conociendo gente, aprendiendo, cogiendo experiencia… y al final te atrapa picotazo a picotazo. La curiosidad se convierte en afición, y la afición en pasión.
¿Fue una decisión clara dedicarte a esto?
Yo no soy profesional, aunque con el tiempo le dedico cada vez más atención. Mis hijos ya son mayores, mi mujer también se ha implicado, y eso lo facilita mucho todo. Al principio teníamos unas pocas colmenas, luego más, y con la experiencia fuimos ampliando. Empiezas a criar reinas, a recoger polen, a experimentar con cosas nuevas. Y al final te encuentras metido de lleno.
Desde la Asociación de Apicultores de Menorca, ¿qué actividades lleváis a cabo?
Ofrecemos formación, resolvemos problemas comunes sobre enfermedades o alimentación, y trabajamos unidos frente a retos como la varroa. También gestionamos la compra y distribución de tratamientos sanitarios y alimentos, y canalizamos ayudas económicas para los socios. Nuestro papel es tanto técnico como de acompañamiento.
¿Qué tiene la miel de Menorca que la hace especial?
La singularidad está en el clima y la diversidad de floración en primavera. En Menorca no hay grandes extensiones de cultivos, pero sí una gran variedad de flores. Además, el viento, la salinidad del aire, y el tipo de suelo, aportan matices únicos. Esa combinación hace que la miel tenga un sabor muy fino y característico. No es casualidad que reciba premios nacionales e internacionales.
¿Qué flores predominan y dan ese carácter a la miel?
La floración principal se da en primavera. Durante el año hay flores, pero esa es la mejor época para una buena cosecha. Comienza con el gamón o "caramuixa", sigue con tréboles, la zulla —muy presente en toda la isla— y el cardo blanco. Es una flora muy mediterránea y diversa, que se nota en el resultado final.
¿Cómo describirías la miel menorquina?
Es clara, de un dorado transparente, con aroma fino pero intenso. En boca es suave, delicada. No es dura como las mieles invernales, sino que tiene un perfil más elegante. En resumen: entra muy bien y es muy agradable.
¿Cuál es el estado actual del sector en Menorca?
Estamos en un momento de auge. Cada vez hay más personas interesadas, tanto nuevas como veteranas. Ya somos unos 190 socios y creciendo. Aun así, no es una actividad sencilla. Requiere conocimientos, tiempo y constancia. No todo el mundo que empieza continúa, pero los que se forman y se implican, tiran adelante.
¿Qué papel juega el cambio climático en todo esto?
Influye. Las abejas dependen del campo. Aunque podemos alimentarlas puntualmente para mantenerlas vivas, no se puede producir miel si no hay floración. Y eso depende del clima: lluvias, temperaturas suaves, ausencia de vientos fuertes… Esto lo complica un poco todo y se nota en que los resultados son un poco más bajos que hace unos años.
¿Qué importancia tiene conservar la abeja negra autóctona?
Es fundamental. Es una abeja adaptada al clima menorquín, resistente al calor y al entorno. Estamos mejorándola a través del proyecto '12 Reines', haciendo que sean más productoras, higiénicas y menos agresivas. Es como en la ganadería: moldear la raza para adaptarla mejor a nuestro manejo.
¿Qué amenazas enfrentan estas abejas autóctonas?
La principal es la hibridación con razas foráneas. Cuando se introducen abejas de fuera, como de Francia o Italia, se mezclan con las nuestras y dificultan la selección. Además, está demostrado que estas mezclas las hacen más agresivas. Es muy difícil controlar los apareamientos, y por eso urge tomar medidas para proteger la raza local.
¿Por qué es importante consumir miel local?
Porque sabes lo que estás comiendo. Hay muchas mieles importadas, sobre todo de China, que son adulteradas. Se mezclan con miel europea y se venden a precios muy bajos. Pero no tienen ni el sabor, ni las propiedades nutricionales de nuestra miel. La local cuesta más, pero también vale más por todo el trabajo que hay detrás.
¿Se valora suficientemente la miel de Menorca?
Cada vez más. De hecho, muchas tiendas se quedan sin existencias antes de Navidad. Toda la producción de primavera, el momento de más producción, suele venderse antes de fin de año. Eso indica que hay una buena acogida y que la gente está aprendiendo a valorar el producto de aquí.
¿Y cómo ves el futuro del sector?
Con esperanza, aunque no sin retos. Hay relevo generacional y gente joven interesada. No tanta como antes, pero aun así, quienes se enganchan, siguen. Hay que formarse, tomar tiempo en aprender y tener recursos. Pero sí, hay futuro.