“La pesca local necesita consumidores conscientes, no aplausos pasajeros”

Domingo Bonnín defiende el futuro del mar balear y a quienes viven de él.

Domingo Bonnín es presidente de la Federación Balear de Cofradías de Pescadores, cargo que renovó en 2023. Con décadas de experiencia en el mar, defiende con convicción a un sector en crisis silenciosa, pero vital. Su voz firme denuncia la burocracia y reclama una sociedad que apoye, de verdad, a quienes garantizan el pescado fresco en Baleares.

¿Cómo describirías el estado actual del sector pesquero en Baleares?

Es una situación con claroscuros. Por un lado, los recursos marinos se mantienen en buen estado. Pero por otro, estamos perdiendo flota y personal, no por el mar, sino por la excesiva carga burocrática. Actualmente tenemos 266 embarcaciones profesionales repartidas entre 16 puertos importantes en las islas. La flota es muy pequeña si se compara con otros puntos de la península.

¿Cuáles son los principales retos que enfrentáis desde la Federación?

La principal dificultad es que la política pesquera se decide en Bruselas, donde no se conoce nuestra realidad insular. Las normas se diseñan para flotas del norte de Europa, mucho más grandes y distintas a la nuestra. Nosotros, que hemos hecho las cosas bien, acabamos encajados en normativas rígidas que no se adaptan a nuestra escala ni condiciones. A esto se suma la falta de comprensión por parte de Madrid y una administración local con escasas competencias reales.

¿Cómo ha evolucionado la flota balear en los últimos años?

En 1975 teníamos más de 1.300 embarcaciones y más de 3.000 pescadores profesionales. Hoy quedan menos de 270 barcos y apenas 460 pescadores. Siempre hemos sido la flota más pequeña del Mediterráneo español, y eso hace que nuestra huella sobre el mar sea mínima. No exportamos grandes volúmenes; nuestra producción se consume en las islas. Solo especies como la sardina, el boquerón o el atún salen fuera, porque tenemos buenos recursos y una pesca razonable.

¿Cuáles son las especies más representativas en Baleares?

Aunque muchas especies del Mediterráneo son comunes, en Baleares tenemos productos muy vinculados a la identidad local. Destacan la gamba roja, la langosta, la sepia, el junquillo y la llampuga, que es especialmente típica de Mallorca. No porque no exista en otras islas, sino porque aquí se ha pescado tradicionalmente. Esa herencia cultural influye mucho en qué se pesca y cómo se cocina.

¿Y cómo valorarías la salud de los caladeros de Baleares?

Diría que es excelente. Nuestra intensidad pesquera es muy baja, y además somos la comunidad con más espacio marino protegido en todo el Estado. Esto crea un equilibrio entre lo que se pesca y lo que se conserva. Es como en el campo: hay que dejar semilla para que siga habiendo cosecha. En nuestro caso, el mar sigue siendo productivo gracias a esa gestión responsable.

¿Qué papel juega la pesca de arrastre en esta realidad?

Es clave. Del pescado que consumimos aquí y que es capturado localmente, un 70% proviene del arrastre. Si desapareciera esta modalidad, no podríamos mantener ni la estructura comercial ni las cofradías. Muchas especies como la gamba roja, el pulpo, los salmonetes o la merluza dependen de esta técnica. Además, el arrastre actual está muy controlado: diarios electrónicos, GPS, cajas negras... es una de las pesquerías más fiscalizadas que existen.

¿Existe conciencia ambiental entre los pescadores?

Sí, por supuesto. La mentalidad ha cambiado mucho. Yo empecé a pescar en los años 80 y he visto esa evolución. Los que hoy estamos al frente crecimos con más conciencia social y medioambiental. No somos un sector aislado, formamos parte de la sociedad. Hoy cuidar el mar no es un discurso, es una necesidad que asumimos cada día.

¿Qué puede hacer la sociedad para apoyar al sector pesquero local?

Consumir producto local, directamente. Ir al mercado municipal, comprar en tiendas de barrio, buscar pescado de aquí. En la pandemia fuimos esenciales, salimos a pescar cuando todo se paró. Pero hoy, ya nadie se acuerda. Se aplaudía desde los balcones, pero ahora se vuelve a priorizar el precio y la comodidad en vez del origen y la calidad. El apoyo debe ser constante, no puntual.

¿Y cómo ves el futuro del sector? ¿Hay relevo generacional?

Es preocupante. Cada vez hay menos jóvenes interesados porque la imagen del pescador está muy desprestigiada. Se nos tacha de destructores cuando aquí se trabaja con cuidado. Haría falta una gran campaña de comunicación para poner en valor el trabajo del sector primario. Si no lo hacemos, los pescadores desaparecerán, y con ellos, nuestra soberanía alimentaria.

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