Veterinaria de formación y apasionada defensora de la agricultura ecológica, Magdalena Adrover lleva casi una década trabajando desde APAEMA con ganaderos locales para mejorar la calidad y el valor del cordero criado en Mallorca. Con el proyecto ME Ecològic, impulsa un sistema basado en el pastoreo natural, el bienestar animal y la sostenibilidad, donde ya el 96% de la producción es certificada.
¿Qué te llevó a especializarte en ganadería ecológica y a trabajar con APAEMA?
Sentí la necesidad de adaptar mi formación veterinaria a la realidad del territorio. En la península, la enseñanza está muy enfocada a la ganadería intensiva, algo que no encaja aquí. Ver cómo trabajaban los productores locales me despertó el interés por un modelo más sostenible, y quise formar parte del cambio para aportar soluciones reales al campo mallorquín.
¿Qué es APAEMA y qué tipo de trabajo hacéis desde allí?
Es una asociación que agrupa a productores ecológicos, tanto agrícolas como ganaderos, y también simpatizantes. Ofrecemos asesoramiento técnico, ayudamos a quien quiere hacer la conversión a ecológico y organizamos formaciones. Además, trabajamos en la promoción del producto ecológico, en proyectos escolares, comedores, campañas de difusión y también en la mediación con la Administración.
¿Qué supone para ti formar parte de un proyecto como ME Ecològic?
Para mí es muy enriquecedor. No solo a nivel profesional, sino también personal. Me permite trabajar desde unos principios con los que me siento alineada, y defender una forma de ganadería que protege nuestro paisaje. Los agricultores y ganaderos son los auténticos gestores del territorio, y apoyarles es también cuidar el entorno.
¿Qué aporta tu mirada como veterinaria al proyecto?
Mi papel es acompañar a los ganaderos con herramientas técnicas que les permitan mejorar su actividad. La idea no es solo producir una carne de calidad, sino lograr que las explotaciones sean viables económicamente. Que quienes trabajan cada día con el ganado puedan vivir dignamente de ello.
¿Cuáles son las principales diferencias entre un cordero ecológico y uno convencional?
La diferencia empieza por el bienestar animal: en ecológico se prioriza el respeto a los ciclos naturales. La alimentación también es clave, con forrajes y pasto natural en lugar de piensos. Eso repercute directamente en nuestra nutrición por la calidad de la carne y su composición grasa. Además, se limita mucho el uso de antibióticos y productos químicos, lo que beneficia tanto al consumidor como al medio ambiente.
¿Qué retos implica este tipo de producción en un entorno como el de Mallorca?
El principal reto es el cambio de mentalidad. Ser ecológico no es solo cambiar la forma de pensar, es entender y trabajar con el ecosistema. Si una finca tiene pasto natural, hay que aprovecharlo y reducir la dependencia de insumos externos. La sostenibilidad real pasa por aprender a gestionar lo que ya tenemos y buscar la autosuficiencia.
¿Cómo ha evolucionado el projecte ME Ecològic desde sus inicios?
Nació porque muchos ganaderos ecológicos no encontraban mercado y debían vender su cordero como convencional. Con el proyecto, se creó una marca y una cooperativa para darles salida y valor. En 10 años hemos pasado de comercializar solo un pequeño porcentaje como ecológico a llegar al 96% entre los socios de la cooperativa. Es un avance muy significativo.
¿Qué limita hoy el crecimiento del proyecto?
La infraestructura. Solo dos mataderos funcionan en la isla y el que trabajamos, en Felanitx, tiene recursos limitados. Nos hacen el sacrificio, despiece y reparto, pero no podemos ampliar la producción por falta de capacidad. La solución sería tener un centro de transformación propio, adaptado a nuestras necesidades.
¿Cómo está actualmente la demanda de cordero ecológico?
El consumo particular sigue siendo bajo y estacional, pero ha crecido el interés desde el sector de la restauración y algunas cadenas hoteleras. Cocineros que valoran la calidad del producto, comedores escolares y clientes concienciados lo están incorporando. Aun así, con tantos turistas y hoteles, es frustrante ver lo poco que repercute en el territorio. Hay que seguir trabajando para cambiar eso.
¿Por qué es tan importante mantener este tipo de producto local?
Porque no se trata solo de carne, sino de mantener economías familiares, preservar la gastronomía y gestionar el paisaje. Las explotaciones locales no pueden competir por precio con la industria intensiva de fuera, pero aportan un valor añadido enorme: calidad, sostenibilidad, prevención de incendios, fertilización natural… Todo eso hay que ponerlo en valor cuando uno elige qué comprar.
¿Qué se puede hacer para que la gente entienda todo esto?
Seguimos apostando por campañas de concienciación, publicaciones, charlas, redes sociales… Ahora también estamos actualizando nuestra web para que sea más informativa. El objetivo es que quien consuma cordero ecológico sepa lo que hay detrás y que no es solo una cuestión de precio, sino de impacto positivo en el territorio.
¿Cómo te gustaría que fuera el futuro del cordero ecológico en Mallorca?
Me gustaría que todo el cordero que ya se produce en ecológico pudiera venderse como tal y a un precio justo. Que los ganaderos recibieran el valor que merecen por su trabajo y que la sociedad entendiera su papel esencial. Solo así estas explotaciones podrán mantenerse vivas y seguir cuidando el paisaje que todos disfrutamos.