Joan Simonet (Alaró, 1971) es ingeniero agrónomo y actual conseller de Agricultura, Pesca y Medio Natural del Govern balear. Con una trayectoria ligada tanto al asociacionismo agrario como a la gestión pública, ha trabajado desde dentro y fuera del sector primario. Fue alcalde de su municipio natal y lideró durante años ASAJA Baleares. Hoy, desde la conselleria, busca transformar las viejas reivindicaciones del campo en medidas eficaces que den futuro a los payeses de las islas.
¿Cómo ha sido pasar de representar al sector desde ASAJA a dirigir ahora la conselleria?
No me considero agricultor en sentido estricto, porque nunca he vivido directamente de ello. Pero como ingeniero agrónomo, desde que terminé la carrera, llevo más de 25 años vinculado al mundo agrario en Baleares, tanto desde la empresa privada como en la administración pública. El paso a la conselleria ha sido un cambio de rol, de estar en un lado de la mesa a estar en el otro, pero con muchos proyectos que ya teníamos en marcha de forma conjunta. En pocas palabras, sabía bien dónde me metía.
¿Cómo definiría la situación actual del sector primario en Baleares?
Es un sector minoritario, presionado por otros sectores económicos y profundamente marcado por la insularidad. Hay muchas limitaciones: acceso al agua, a la tierra, al mercado… Todo cuesta más. Pero también hay oportunidades, como el valor del producto local o la venta directa. Sectores como el vino, el aceite o ciertas transformaciones ganaderas están funcionando bien. No todo es negativo.
El relevo generacional es una preocupación constante en el sector. ¿Cuál es la situación aquí?
Es cierto que la edad media es alta, pero también hay jóvenes que se incorporan. Cada año gestionamos unas 100 incorporaciones con ayudas específicas, y hemos visto que un 30% de ellos continúa tras cinco o seis años. Eso es una tasa alta respecto al resto del país. Muchos se suman a explotaciones familiares o apuestan por modelos nuevos: agricultura ecológica, transformación, venta directa… Además, es cierto que se está reduciendo el número de explotaciones agrarias, pero las que quedan aumentan el de tamaño, con lo cual es un cambio generalizado en la dinámica agraria española y europea. Soy optimista.
¿Cómo animar a quienes no vienen de familias del campo a ver esto como una salida profesional?
Lo primero es dejar de lanzar permanentemente mensajes negativos sobre el sector primario porque es la peor manera de incentivar a que los jóvenes se incorporen. Aunque con trabajo, hay experiencias de éxito y hay que visibilizarlas. Además, trabajamos en medidas como bonificaciones fiscales, ayudas prioritarias a jóvenes, y agilización de pagos. El producto local, si se promociona bien, puede ser una fuente de rentabilidad. Hay que hacer atractivo el campo mostrando sus posibilidades reales.
¿Qué subsectores están más fuertes y cuáles necesitan más apoyo?
El vino es ahora mismo el más puntero, ha ido avanzando mucho en los últimos 20 años. Después estaría el aceite y algunas experiencias la transformación de leche en queso, tanto en Menorca como en Mallorca. En Ibiza, las huertas de temporada vinculadas al agua funcionan bien. En cambio, la ganadería extensiva es el sector más complicado. Está muy afectada por el clima, por ejemplo en cereales o pastos, y un año malo puede perjudicar mucho. En cuanto a frutos secos, el almendro en secano también ha sufrido en los últimos años por la xylella. En cambio, cultivos como el algarrobo tienen potencial si se estabilizan precios. Y no olvidemos sectores pequeños pero clave, como la apicultura. Otros cultivos como la higuera u otros tipos de frutales podrían tener mucho potencial si se adaptaran a las nuevas conclusiones climáticas, pero habría que trabajar mucho en ello, todavía vamos mucho más atrás.
¿Qué objetivos principales se marca la conselleria?
La rentabilidad es lo primero. Las explotaciones deben ser viables. Todas las políticas deben ir dirigidas a que los payeses puedan pagar sus facturas y vivir dignamente. Eso incluye ayudas, promoción, digitalización, inversión y sostenibilidad. Es una visión económica y respetuosa con el medio ambiente, pero no podemos hacer agricultura verde en números rojos.
¿Qué papel juegan la formación y la innovación en este modelo?
Un papel fundamental. La formación no debe centrarse solo en técnicas agrícolas, sino también en gestión económica, fiscalidad, seguridad laboral... Debe ir encaminada siempre a la mejora de la rentabilidad y debe también alcanzar a todos: agricultores, técnicos intermedios y nuevos profesionales. La universidad tiene que conectar con la realidad del campo y con la Política Agraria Común, que marca nuestras reglas.
¿Qué se está haciendo en materia de agua y regadíos frente al cambio climático?
Estamos trabajando en dos frentes: mejorar la eficiencia del uso de agua de pozo y potenciar el uso de aguas depuradas. Este segundo es complicado, porque conlleva unos procesos administrativos y medioambientales largos. Y también tenemos el problema de la salinización de estas aguas, que no se pueden usar para regadío y tienen que volver a echarse al mar. Pero este es un tema clave porque la agricultura vinculada al agua ofrece muy buenos números de rentabilidad. Es una de nuestras prioridades.
¿Qué importancia tiene el producto local para el Govern?
Muchísima. El producto local está definido por ley: solo lo es aquello que procede del campo balear, directamente o transformado. También añade valor el hecho de contar con razas autóctonas y variedades locales. Hay que fomentarlo dentro y fuera de las islas. Hay que aprovechar que aquí el turismo es un canal directo de exportación. Apostamos por que los locales valoren el producto, y por que los turistas lo conozcan en origen. Es un valor diferencial enorme.
¿Cómo puede el turismo beneficiar directamente al agricultor?
Con medidas como el cumplimiento de la ley de circularidad, que obliga a los hoteles a comprar al menos un 3% de producto local. Además, fomentando las actividades complementarias: venta directa, degustaciones, visitas a fincas… Esto permite un contacto directo entre payés y visitante. El turismo debe ser una oportunidad para el sector primario.
¿Cómo ve el futuro del sector primario y qué le gustaría conseguir esta legislatura?
Soy optimista. Hay proyectos que funcionan, inversiones nuevas, iniciativas viables. Eso sí, hay que adaptarse a los cambios: no todo lo que funcionaba hace 50 años vale hoy. Pero hay recorrido. Mi objetivo es mejorar la rentabilidad, que los agricultores puedan no solo vivir bien, sino poder incluso mejorar, invertir, crecer y adaptarse al mercado.