Jeroni Vera es director técnico del CBPAE (Consell Balear de la Producció Agrària Ecològica), el organismo encargado de certificar que los productos ecológicos de Baleares cumplen con el exigente reglamento europeo. Formado en biología y con una visión pragmática, lleva más de una década al frente de un sistema en expansión. Hoy, la producción ecológica ocupa más del 21% de la superficie agraria útil del archipiélago, con avances notables en islas como Menorca y Formentera. Vera apuesta por un crecimiento sostenible y acompañado: menos burocracia, más formación, mejor comunicación y un mayor reconocimiento al esfuerzo de los productores ecológicos.
¿Qué te llevó a interesarte por la agricultura ecológica?
Mi interés nació durante mis estudios de biología, cuando me incliné hacia la rama ambiental. Elegí como optativa la asignatura de Agricultura Ecológica con Jaume Vadell, que fue quien me introdujo en este mundo. Después empecé a trabajar con él en ese departamento y vi que los valores de esta agricultura —el respeto por el medio, por los animales y por las personas— coincidían con lo que yo buscaba profesionalmente. Fue un camino natural que me llevó hasta donde estoy hoy.
¿Qué diferencia este modelo del convencional?
La agricultura ecológica está regulada por un reglamento europeo que establece cómo deben producirse los alimentos y cómo deben controlarse. Es un sistema que busca ser respetuoso con el entorno natural, con la fauna, con los animales de granja y con la salud de los agricultores. Además, se producen alimentos más saludables y sostenibles. Es una forma de entender el campo desde el compromiso con el presente y el futuro.
¿Cómo llegaste a ser director técnico del CBPAE?
Empecé como técnico de control, visitando explotaciones agrícolas, industrias y comercios para asegurar que cumplían con la normativa ecológica. En 2010, por problemas económicos, el equipo se redujo drásticamente y quedamos con una estructura mínima. Entonces asumí el cargo de director técnico, que todavía mantengo, desde el que coordino los controles, gestiono al personal técnico y me ocupo también de la parte económica y de promoción del CBPAE.
¿Cómo ha evolucionado el sector ecológico en Baleares?
La producción ecológica ha sido el sector agrícola que más ha crecido en los últimos años, incluso en tiempos de crisis. Cada año aumentan tanto las hectáreas como el número de operadores: hoy somos más de 1.300 entre agricultores, elaboradores y comercios, y ya hemos superado las 50.000 hectáreas certificadas, lo que representa más del 21% de la superficie agraria útil de las islas.
¿Qué cultivos lideran esta transformación ecológica?
En Mallorca predominan los cultivos mixtos de cereales, leguminosas y frutos secos, que alimentan principalmente al ganado ovino. En Menorca, el modelo se basa en grandes explotaciones con vacuno y pasto ecológico propio. Pero los cultivos que más han crecido en los últimos años son el olivar y la viña. En el caso del vino, más del 50% de la superficie vitícola balear ya es ecológica, en parte por la buena aceptación que tienen estos productos entre los consumidores.
¿Qué papel juegan Menorca y Formentera?
Menorca ha registrado un aumento de más de 1.000 hectáreas en un solo año, lo que la ha llevado a superar ya el 25% de su superficie agraria útil certificada como ecológica, el objetivo europeo fijado para 2030. Formentera, pese a su tamaño, también ha crecido y se acerca a las 400 hectáreas. Allí, la Cooperativa del Camp gestiona de forma conjunta las parcelas de todos sus socios y ésta se ha inscrito en producción ecológica y, por lo tanto, todas las parcelas adheridas son ecológicas.
¿Cuáles son los principales retos para los productores que quieren pasarse a ecológico?
El primero es el cambio climático, que afecta a todos los agricultores, ecológicos o no. En ecológico se trabaja con variedades locales y técnicas más adaptadas al entorno, pero la sequía, el calor excesivo o la falta de frío complican muchos cultivos. Otro reto importante es la carga burocrática. Los trámites para conseguir el certificado son complejos, sobre todo para pequeños productores. No pedimos que se eliminen —porque muchos son requisitos europeos—, pero sí que se les dé apoyo a los productores para cumplirlos sin que eso les reste tiempo de campo.
¿Crees que la complejidad administrativa frena a nuevos productores?
Sí, especialmente a los más pequeños. Muchos no tienen recursos para gestionar la parte burocrática, y eso les disuade. Sería necesario habilitar apoyos técnicos para que puedan centrarse en lo suyo: cultivar de forma sostenible. Al final, todos salimos beneficiados de un modelo agrícola que cuida la tierra y la salud.
¿Cómo está afectando el cambio climático al campo balear?
Muchísimo. No solo por la falta de agua —que ya es un problema estructural— sino por el aumento de temperaturas. Hay cultivos que necesitan frío para florecer bien o para frenar ciertas plagas. Si ese frío no llega, el ciclo se altera. Además, el agua escasea y compite con el turismo o el uso residencial, lo que reduce aún más la disponibilidad para el campo.
¿Qué se puede hacer para mejorar la visibilidad del producto ecológico local?
Falta comunicación. Hay consumidores concienciados, pero muchos todavía no saben qué hay detrás del sello ecológico. A esto se suman nuevas etiquetas —“sostenible”, “regenerativa”, “bienestar animal”— que pueden confundir, ya que muchas no tienen una certificación real detrás. Hay que diferenciar claramente qué productos están regulados, como los ecológicos, y cuáles no. Y eso requiere campañas claras y coherentes desde administraciones y organismos como el CBPAE.
¿Qué papel juegan los productos ecológicos y locales en la cultura gastronómica balear?
Son esenciales. La gente busca volver a los sabores de sus abuelos, a productos con historia. Si además estos productos están cultivados sin químicos y de forma respetuosa, mejor todavía. Es una forma de conectar con la identidad cultural de las islas.
¿Es justo decir que lo ecológico es también lo más sostenible?
Sí, van de la mano. La agricultura ecológica tiene en su base la sostenibilidad: usa menos recursos, cuida los suelos, respeta los ciclos naturales. El término “sostenible” se usa mucho, pero no siempre hay una práctica real detrás. En ecológico, sí hay un sistema reglado y verificable.
¿Crees que Baleares llegará al 25% ecológico en 2030?
Sí, incluso antes. Menorca ya ha llegado, Formentera también. Mallorca, que tiene la mayor parte de superficie, va por el 21%. Viendo la tendencia de los últimos cinco años, es muy probable que superemos el objetivo antes del plazo.
¿Qué medidas consideras clave para consolidar el modelo ecológico?
Reducir la carga burocrática y mejorar la trazabilidad. Hay productores que cultivan en ecológico, pero sus productos no llegan al consumidor con esa etiqueta. Eso hay que solucionarlo. También hay que invertir en promoción, formación profesional, investigación y comunicación. La Conselleria ha anunciado un plan estratégico para los próximos cuatro años. Si se acierta con las acciones, se podrá consolidar lo conseguido y seguir creciendo con garantías.