“Cultivam el gust d'abans”

S’Hortolà mantiene viva la tradición payesa con productos locales y auténticos.

Margarita Cirer forma parte de la tercera generación al frente de S’Hortolà, una finca agrícola familiar ubicada en el Pla de Sant Jordi. Junto a sus hermanos, continúa un legado centenario cultivando productos de temporada con sabor auténtico, cuidando la tierra con técnicas sostenibles y defendiendo la importancia del contacto directo con el consumidor.

Cómo nació S’Hortolà?

S’Hortolà es una continuación del trabajo de nuestros abuelos y padres. No lo llamamos "negocio", sino un oficio que ha pasado de generación en generación. Nosotros, los tres hermanos, hemos actualizado la actividad con invernaderos y sistemas de riego, pero siempre respetando lo que ellos comenzaron.

Habéis hecho vuestro el lema “cultivam el gust d’abans”. ¿Qué significa eso exactamente?

Es una expresión muy mallorquina que habla del sabor de antes, de lo auténtico. Nuestros productos —tomates, patatas, melones— saben a lo que tienen que saber. Huelen y saben como lo hacían antes. Esa autenticidad se ha perdido mucho en la agricultura moderna.

¿Cómo conseguís mantener ese sabor tradicional?

Preservamos métodos de cultivo tradicionales, sin técnicas hidropónicas. Cuidamos la tierra con mimo y la regeneramos constantemente. La calidad del agua también influye, pues tiene ciertas características salinas que intensifican el sabor. No buscamos el tamaño perfecto, buscamos el sabor.

Mantenéis incluso un molino tradicional. ¿Por qué?

Porque forma parte de nuestra esencia. El molino de viento que usamos para sacar agua del pozo no solo ahorra energía, también simboliza el arraigo al territorio. Lo restauramos completamente, aunque tras una tormenta se vino abajo, decidimos volver a levantarlo. No por rentabilidad, sino por identidad.

¿Qué valores heredaste de tu familia?

Sobre todo, el sacrificio y el amor por la tierra. En el campo trabajas muchas horas, sin horarios. Es una dedicación absoluta. La agricultura no da beneficios inmediatos, pero alimenta y es esencial. Eso a veces se olvida en una sociedad que prioriza el ocio y el consumo.

¿Cómo es trabajar con tus hermanos?

Nos entendemos bien. Cada uno lleva una parte: producción, clientes, ventas. Somos una familia unida y compartimos objetivos. En este tipo de empresas, si no hay confianza y compromiso familiar, es muy difícil seguir adelante.

¿Qué tipo de productos cultiváis y cuál es vuestro producto estrella?

Siempre productos de temporada. En invierno, verduras de hoja como acelgas, espinacas o coles. En verano, tomates, melones, sandías, calabacines... Pero nuestra joya es la patata, disponible todo el año, siempre del mismo sabor y con mucha fidelización de nuestros clientes.

¿Sentís que el cliente valora el contacto directo con el productor?

Muchísimo. Nuestro cliente busca calidad, sabe lo que compra y valora el trato personal. Incluso hay quien se desplaza a propósito a nuestro puesto en el Mercat de l’Olivar. No tenemos los horarios de un supermercado, pero sí una relación muy directa y fiel con el consumidor.

¿Cómo ves el futuro del producto local en Mallorca?

El pequeño y mediano productor lo tiene muy difícil. Hay tres o cuatro empresas grandes que acabarán absorbiendo el mercado. El problema es que todo se mide por el precio, no por la calidad ni por el esfuerzo. Y así es insostenible.

¿Cómo disteis el salto a lo digital?

Durante la pandemia montamos un servicio de reparto y funcionó muy bien. Luego lo retiramos por falta de medios, pero lanzamos la tienda online. No tenemos logística para competir con grandes empresas, pero una chica en el equipo nos ayudó mucho a ser visibles en redes y online.

¿Qué te motiva a seguir?

La verdad, cada vez cuesta más encontrar motivación. El campo te consume mucho. Le he restado tiempo a mi familia, a mi vida personal. Esto es una profesión que tienes que querer, no por lo que te aporta materialmente, sino por vocación.

¿Y el futuro de los payeses en Mallorca?

Quedarán unas pocas empresas grandes. La agricultura necesita inversiones muy grandes, sobre todo ahora, con el cambio climático. Para producir en condiciones extremas necesitas tecnología, microclimas, ingeniería. Nosotros seguiremos siendo tradicionales, hasta el final.


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