Patata de Sa Pobla: Joan Cantallops y la apuesta colectiva por un tubérculo con identidad

El gerente de Illacamp defiende un modelo cooperativo que une tradición, calidad y kilómetro cero.

Joan Cantallops dirige Illacamp, la sociedad agraria de transformación creada en 1999 por varias familias de Sa Pobla para dar fuerza al cultivo de la patata y otros productos de la huerta mallorquina. Desde el almacén hasta el mercado, Illacamp coordina cada eslabón con control técnico y economía circular. Cantallops, hijo de agricultores y técnico de formación, explica cómo esta iniciativa ha modernizado un producto con 180 años de historia, hoy amenazado por el cambio climático, la presión fitosanitaria y la falta de relevo generacional.

¿Cómo fueron tus primeros pasos en el campo y qué te llevó a Illacamp? Soy hijo de agricultores, así que el campo ha estado presente en mi vida desde siempre. Tras terminar mis estudios técnicos me incorporé profesionalmente como gerente de Illacamp, la SAT que varias familias pobleres fundaron en 1999 para defender mejor la comercialización de su patata. Mi labor diaria es la gestión económica, financiera y también comercial, enlazando a los socios—que son los productores—con los distintos canales de venta. ¿Qué distingue a Illacamp dentro del sector patatero de Sa Pobla? Estructuralmente funcionamos como una cooperativa moderna: asesoramos al agricultor, centralizamos la clasificación, envasado y salida del producto, y hemos añadido una línea de IV Gama para hostelería. Esa integración garantiza calidad homogénea, trazabilidad y, sobre todo, fuerza negociadora en un mercado donde el productor aislado lo tiene difícil. La patata poblera tiene fama internacional. ¿Qué la hace especial? Históricamente hemos sido la primera zona productora de Europa: cosechamos patata nueva a finales de marzo-abril gracias a un microclima templado, agua abundante y suelos con cierta arcilla que aportan sabor. Esa “extra-temprana” iba casi toda al Reino Unido; hoy se reparte entre países del Este, Alemania o Dinamarca. En verano dejamos madurar la misma patata para el consumo interno de la isla, ligado a la temporada turística. ¿Qué encontraría el consumidor al elegir patata de Sa Pobla frente a otra? La patata se planta en muchos lugares, pero la de Mallorca es un tubérculo tierno y sabroso gracias a las condiciones de la tierra dura y arcillosa de aquí. Es un cultivo intensivo en Sa Pobla, ya que, aunque cada vez hay menos, de momento tenemos abundancia de agua. Y, al ser kilómetro cero, llegan más fresca. ¿Existen hoy variedades estrella? Hace décadas todo el mundo pedía dos o tres nombres concretos; ahora existen miles de variedades, casi sería injusto destacar solo una. Estas van evolucionando y se van adaptando para corregir defectos y adaptarse a las condiciones actuales del campo, como el calor, la falta de agua y las nuevas plagas. No hay ninguna variedad que esté ahora predominando por encima de las demás. ¿Cuáles son los mayores desafíos del cultivo? El principal es la restricción creciente de productos fitosanitarios por normativa europea, algo que complica la producción. Lidiamos con nematodos o con el gusano de alambre que ataca las patatas y las hace inviables a nivel comercial. A eso se suma el alza de costes, la fragmentación del minifundio y la falta de agricultores jóvenes. Si la rentabilidad no cuadra, el cultivo desaparece. ¿Puede la patata ser un cultivo sostenible en este contexto? Evidentemente. Y, de hecho, habrá que hacer que lo sea si queremos seguir produciendo patatas. Sin embargo, contamos con una serie de inconvenientes como la escasedad de tierra, que los campos son pequeños minifundios y la restricción de productos fitosanitarios. Esto provoca una situación de mercado complicada para los agricultores, de quienes se espera una alta producción, porque estos inconvenientes disparan los costes y complican la rentabilidad. El precio final no se puede tocar porque lo marca el mercado. Además de la patata, ¿qué otros productos maneja Illacamp y a qué mercados llegan? La cebolla es nuestro segundo producto y hay algo de cítricos o verdura, aunque de forma residual. Vendemos sobre todo a grandes superficies de la isla, canal HORECA, mercados mayoristas como Mercapalma y mercados locales; una pequeña parte viaja al exterior. ¿Cómo valora el apoyo del sector turístico al producto local? El turismo debería ser motor, pero muchos hoteles compran guiados por el precio. Si usan el producto de aquí es porque La ley de circularidad exige un 3 % local, pero no suele ser la tónica habitual. Es cierto que algunos productos no se cultivan en Mallorca o no hay volumen suficiente para abastecer a todo el sector, pero no es el caso de la patata. Así, el servicio a hostelería evidentemente es importante, pero podría serlo más. ¿Por qué es importante consumir un producto local como la patata? Es clave tanto para mantener los cultivos locales como para favorecer las cocinas de restaurantes y hoteles en cuanto a gastronomía mallorquina. Aunque la patata es un producto de gran consumo en las islas, suele ser más discreto; hay otros productos más vistosos y emblemáticos. Aún así, hay que darle la importancia y la difusión que merece. Mirando al futuro, ¿cómo ve la producción de patata en Sa Pobla? Ahora mismo el cultivo está en riesgo. Hay amenazas reales: costes disparados, plagas difíciles de combatir y relevo generacional escaso. Si no logramos rentabilidad, el cultivo desaparecerá. Supongo que se irá solucionando poco a poco, pero es un proceso lento y complicado.

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