Criar corderos en Calvià: tradición, esfuerzo y sostenibilidad frente al turismo

Antoni Bonafé defiende el producto local y la ganadería extensiva en Mallorca.

Antoni Bonafé Ramis (Calvià, 1971) es agricultor y ganadero de tercera generación. Criado en la finca Ses Planes, ha dedicado su vida a la tierra y al ganado, apostando por la producción sostenible y el producto local en un entorno dominado por el turismo. Desde la ganadería ovina hasta el cultivo de frutos secos, Bonafé reivindica una pagesia viva, profesional y valorada.

¿Cómo fueron tus inicios en el campo?

Nací dentro del campo, literalmente. Soy la tercera generación de mi familia dedicada a la agricultura y a la ganadería ovina. Desde niño he convivido con el ganado, he aprendido el oficio viendo trabajar a mis mayores. Mis inicios fueron entre animales, forraje y tierras de cultivo. Para mí, el campo es algo que se lleva en la sangre.

¿Siempre supiste que querías dedicarte a esta vida?

Sí, tuve otras oportunidades en su momento, pero siempre las descarté muy rápidamente. Desde joven sentí una atracción natural por el mundo rural, por los animales, por cultivar la tierra. Nunca tuve dudas sobre mi vocación. Tenía claro que quería vivir de esto y he trabajado con esa idea toda mi vida. No ha sido fácil, pero no me imagino haciendo otra cosa.

¿Cómo está organizada tu explotación actualmente?

Nuestra explotación se basa principalmente en la ganadería ovina de carne. Aparte, cultivamos productos típicos de Mallorca como almendros y algarrobos. También sembramos forrajes y cereales para alimentar al ganado. Es una explotación mixta, con un enfoque bastante tradicional, pero siempre buscando el equilibrio entre productividad y sostenibilidad, aprovechando bien los recursos disponibles.

¿Cómo se combina hoy la tradición con la innovación en el campo?

Hoy en día, es fundamental adaptarse a los nuevos tiempos. Hemos incorporado tecnologías como sistemas de geolocalización para el ganado o maquinaria con autoguiado para sembrar de forma más eficiente. Al principio cuesta, pero es una ayuda muy valiosa. Eso sí, sin olvidar la tradición. La experiencia de nuestros abuelos nos enseña cosas que las máquinas no pueden. Es un complemento, no una sustitución.

¿Qué importancia tienen esas prácticas tradicionales?

Son esenciales. Nuestros mayores no tenían acceso a tecnología, pero se enfrentaban a los mismos problemas que nosotros y sabían leer el campo como nadie. Ese conocimiento acumulado es un tesoro. Te permite anticiparte a problemas, entender mejor el entorno. Preservar esas prácticas no solo es una cuestión cultural, sino también práctica. Combinarlas con las herramientas actuales mejora mucho la gestión de la explotación.

¿Cómo es criar ovejas en Mallorca hoy en día?

Criar ovejas aquí es cada vez más complicado. La ganadería ovina necesita vocación y constancia. Es una labor de 24 horas, muy exigente. Además, el cambio climático nos afecta con sequías prolongadas que dificultan el pastoreo. Es una profesión que solo aguanta quien realmente la siente como una forma de vida. Muchas explotaciones están desapareciendo por falta de relevo y condiciones adversas.

¿Cómo está el mercado del cordero mallorquín actualmente?

La venta de cordero nunca ha sido un problema en cuanto a salida del producto. El reto ha sido siempre el precio, que durante años estuvo muy por debajo de lo que debería. Por suerte, ahora los precios han mejorado y se puede trabajar con algo más de estabilidad. El cordero mallorquín es un producto fresco, que no se puede almacenar como otros cultivos, por eso hay que moverlo rápido.

¿Se consume menos cordero que antes?

Sí, cada año notamos una bajada en el consumo, tanto a nivel local como nacional. Cada vez se cocina menos en casa, se buscan platos rápidos, y el cordero requiere su tiempo de elaboración. Ha pasado a ser un producto más ligado a la restauración que al consumo doméstico. Solo se mantiene en fechas concretas o en recetas tradicionales como las empanadas.

¿Qué se necesita para garantizar un cordero de calidad?

La alimentación lo es todo. Nuestros animales pastan en campos con gramíneas, leguminosas y hierbas espontáneas, lo que se traduce en una carne sabrosa y con identidad. También es clave el seguimiento sanitario para asegurar que llega al consumidor con todas las garantías. Al final, hablamos de un producto alimentario y la seguridad es tan importante como el sabor.

¿Y en cuanto a sostenibilidad? ¿Qué medidas aplicáis?

La ganadería extensiva que practicamos es en sí misma una forma de sostenibilidad. Nuestras ovejas ayudan a mantener los campos limpios, a prevenir incendios y a conservar el equilibrio de los ecosistemas. A diferencia de otros modelos más intensivos, nosotros trabajamos en sintonía con el territorio. Apostamos por prácticas que respetan el medio ambiente y refuerzan la identidad rural.

¿Por qué es importante apostar por el producto local?

Porque el consumidor debe saber qué come y de dónde viene. Apostar por el producto local no solo es consumir algo fresco y de proximidad, también es apoyar a los agricultores y ganaderos que mantienen el paisaje, las tradiciones y la economía rural. Es una forma de conservar el territorio y de resistir frente a un modelo globalizado que no entiende de sostenibilidad ni de identidad.

¿Cómo ves el futuro del campo en Mallorca?

El principal reto es que los jóvenes vean en el campo una opción de vida digna. Necesitamos que las explotaciones sean rentables y que se les ofrezcan condiciones reales para empezar. También tenemos el desafío del cambio climático, que nos obliga a repensar muchas cosas. Pero si hay voluntad política, formación y compromiso, aún hay esperanza para una pagesia viva y adaptada a los nuevos tiempos.

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