Toni Gutmeyer está al frente de Flor de Sal d’Es Trenc, una empresa nacida en 2003 que ha convertido la sal recolectada a mano en las salinas de Es Trenc en un producto de referencia en la gastronomía internacional. La tradición, el entorno natural y la sostenibilidad se funden en este proyecto que ha llevado el sabor de Mallorca a 18 países.
¿Cómo nació el proyecto de Flor de Sal d’Es Trenc?
El origen hay que buscarlo en la historia de las salinas, que retomaron su actividad en 1958. Aunque siempre hubo salineros en la zona, fue entonces cuando se sistematizó su uso para la producción de sal marina. Hace unos 22 años se apostó por ir más allá: empezar a recolectar manualmente la capa superior del agua salina —la llamada “flor de sal”—. Es un proceso muy laborioso y delicado que solo unas pocas salinas en el mundo llevan a cabo. Nosotros lo hacemos como se hacía hace milenios, y eso nos diferencia profundamente.
¿Qué os distingue de otras marcas de sal marina?
Principalmente, la forma artesanal de cosecha. Nuestra flor de sal se recoge exclusivamente a mano, secada al sol, y es ecológica. Además, contamos con la certificación IFS, el estándar de calidad más alto en alimentación en Europa. Este cuidado en cada detalle nos ha llevado a recibir importantes reconocimientos. En 2013 y de nuevo en 2023, el prestigioso instituto alemán Stiftung Warentest nos situó como la mejor sal marina del mercado, lo que supuso un antes y un después para nosotros en países como Alemania.
¿Qué papel juega el entorno natural en vuestro trabajo?
Es fundamental. Estamos ubicados dentro de un parque natural protegido, y nuestras salinas no solo no dañan el entorno, sino que lo enriquecen. Las salinas crean hábitats únicos para muchas aves y especies autóctonas. Nuestra actividad es una de las pocas industriales que generan biodiversidad. Aquí trabajamos personas muy comprometidas con este modelo. Es parte de nuestro ADN y de nuestra carta de presentación al mundo.
¿Cómo se integra vuestra sal en la gastronomía de Mallorca?
La sal es parte esencial de todas las culturas culinarias, y en Baleares no es una excepción. Mucha gente recuerda haber recolectado sal de los cocós (pozas en las rocas) con sus abuelos o padres. Nosotros mantenemos ese vínculo con la tradición, pero también con la cocina contemporánea. Colaboramos con chefs y restaurantes de toda la isla. Participamos en eventos gastronómicos como el Festival de la Sardina, donde aportamos nuestra sal para todos los puestos. Además, ofrecemos desde la sal más básica hasta la Flor de Sal gourmet, pasando por sales aromatizadas que realzan platos concretos.
¿Cómo surgió la idea de crear sales aromatizadas?
Fue una propuesta de nuestra compañera Laura Calvo junto a varios cocineros mallorquines. Queríamos crear una sal donde las hierbas fueran complementarias, no protagonistas. Mezclamos sal con especias y hierbas locales en proporciones equilibradas, y surgieron variedades como la Mediterránea o la de oliva negra. Son productos que han tenido mucho éxito, tanto en tiendas como entre cocineros. Y seguimos desarrollando nuevas propuestas con su ayuda.
¿Por qué seguir cosechando la flor de sal a mano en tiempos de automatización?
Porque es parte de lo que somos. No entendemos nuestro trabajo sin ese componente artesanal. El secado al sol y la recolección manual son claves para la calidad del producto y para el valor que nuestros clientes perciben. Cuando alguien ve el proceso en directo, con diez o doce salineros trabajando cada día con mimo y paciencia, entiende perfectamente el porqué del precio. En un mundo donde todo va rápido, conservar estos métodos es lo que nos da sentido y diferencia.
La sostenibilidad es otro de vuestros pilares. ¿Cómo la aplicáis en el día a día?
Estamos comprometidos con la sostenibilidad desde hace años. Hemos eliminado botellas de plástico en los tours y usamos envases 100% reciclables o compostables. También colaboramos con proyectos locales como la reforestación de posidonia en Porto Colom con Cleanwave, o festivales sin plásticos. Nuestro compromiso con el entorno es real, ya no solo por filosofía, sino porque de él depende directamente nuestra producción. Por eso lo cuidamos al máximo.
¿Cómo ha evolucionado el mercado de la sal gourmet y qué futuro prevés?
La sal, que antes era un bien precioso, perdió valor con la industrialización. Hoy la gente vuelve a buscar calidad, procesos sostenibles y productos con identidad. Ahí es donde la sal gourmet está ganando terreno. Hay un interés real por lo artesanal y lo ecológico. Creo que el mercado se va a polarizar: por un lado, sales muy baratas sin valor añadido, y por otro, productos como el nuestro, que apuestan por la excelencia. Ese será nuestro espacio. Y lo cuidaremos como hasta ahora: a mano, al sol y con el alma puesta en cada cristal.